Hemos conocido el flamenco a través de los ojos de Torombo, quien defiende el arte como un sentimiento, parte de la cultura y la historia. A pesar de cantar y bailar para muchos turistas, su meta es cautivarnos con la esencia de este arte.

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Torombo es un habitual en el Tablao Los Gallos en Sevilla. Dedica cuerpo y alma al baile y a enseñar en su pequeño taller de Los Corralones. Recuerda con cariño a su maestro Mario Maya, el pionero en llevar el baile a grandes teatros.

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En una entrevista que tiene lugar en dos sesiones en días distintos, conseguimos llegar al corazón de este hombre de 48 años. Tocamos muchos temas con un mismo hilo argumental, el flamenco. Lo hacemos con humor y seriedad, en una entrevista a partes iguales delirante y sensata.

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¿Cómo y cuándo decides dedicarte al flamenco?

El flamenco es voz, es el ritmo de un corazón latiendo. Es un bebé que nace y al que su madre le coge en brazos y el niño grita, respira y ese niño es voz. El flamenco es esa voz.

A los siete años abandono la escuela y me voy a vivir a Japón, para aquel entonces ya sabía lo que era el flamenco y lo que representaba para mí.

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¿De dónde emana la inspiración?

Cuando era pequeño tuve un problema respiratorio. Mi madre me llevó al hospital a que me observaran. El médico me dijo que inspirara y ahí aprendí a inspirar solo, bailando, con los brazos levantaos.

El médico me dijo que yo lo que tenía era mucho arte.

¿Una futura promesa?

La promesa está en aquellos que prometen. En aquellos que quieren algo de corazón pero no buscan ansiosamente las palmas ni los bailes. Primero respiran, sienten –hace una pausa. Hay que recordar el aire, imaginarse el agua. Es el que confía y quiere aprender y luego enseñar, aprender y luego transmitir.

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¿Qué es lo más difícil de tu trabajo en una ciudad como Sevilla?

Sevilla es una ciudad complicada para el flamenco. Quienes vienen a mis clases no son gente de aquí, es gente de fuera,  que siente en el corazón y que quiere experimentar.

Se sabe que el que nace aquí tiene eso aprendido desde pequeñito y eso es una verdad, y lo llevamos dentro. Pero se puede transmitir mucho…pero siempre primero con la voz y la fiel acompañante, la guitarra, y ya luego el baile.

¿Y qué tal en el extranjero?

Ahora vengo de Alemania, allí vamos mucho. Este verano he estado en un proyecto muy bonito en Marruecos. Era un centro para personas con alzhéimer. La humanización que yo he vivido allí es algo que no se puede describir. También hemos ido a la cárcel a cantar, y otro proyecto en el que he participado, para una asignatura de Antropología en la Universidad Pablo de Olavide.

Sinceramente, lo único que me da respeto son esos públicos extranjeros que no aplauden cuando se acaba una parte de la función, si no que esperan al final. Los americanos, por ejemplo, que gritan tanto que te crees que quieres que te vayas del escenario y te da miedo salir ahí a despedirte (antes cuando gritaban así, gritaban y te tiraban tomates). De  se aprende.

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¿Dónde podemos verte actuar?

En mayo, en el teatro Quintero de la calle Sierpes en Sevilla.

Dime un lugar que hayas descubierto en Sevilla:     

¿Qué te digo? ¿Triana? Allí nací, pero para mí Sevilla es El Pelícano, Los Corralones. Es el lugar de Sevilla donde me he descubierto a mí mismo, donde nos vamos todas las mañanas a las clasecitas. Ahí llevo ya 21 años,  desde mi reinserción, dando mi granito de arena, enseñando a respirar en este mundo loco de poco sentir. Pero es que estamos consagraos al mundo de la tecnología: del USB, del Ipad…y yo les hablo de eso, y del cd, y del casete, y de la gramola. Pero por favor, vamos a enseñar a nuestros hijos a  compartir que hoy en día no sabemos ya lo que es eso, y no es culpa de ellos. Les tenemos que enseñar a compartir y respirar más.”

¿A dónde te gustaría llegar?¿Dónde te ves en unos años?

Al corazón de aquellos que quieran sentir. La gente va buscando solo las palmas…

Somos muy impacientes…

Se estandarizan pasos y la gente va en las academias comprando eso, pasos como muebles en Ikea. En mis clases les enseño a ir al origen:  el USB con El Cigala, el CD con Camarón; el casete con Antonio Mairena; gramófono con La niña de los peines; y antes de eso, ¿qué viene antes? la naturaleza.

¿Te consideras más un flamenco o un maestro?

Me considero un discípulo. El flamenco como tal no tiene ni título ni certificado, yo hija no puedo ser maestro.Torombo 06

By Virginia Gálvez