Quién diría que la Plaza de España fue proyectada y construida cuando las vanguardias ya estaban sucediendo en Europa. Y es que todo el mundo sabe que Sevilla es una ciudad tradicional, y no iba a ser diferente cuando un evento de tales características como la Exposición Iberoamericana de 1929 tuvo lugar aquí. El regionalismo era el estilo predominante de la ciudad en las primeras décadas del siglo XX, y este conjunto arquitectónico se convirtió en la pieza más importante de la exposición y en un nuevo símbolo para la ciudad.

Aníbal González fue el padre del regionalismo sevillano, y el arquitecto que proyectó la Plaza de España. Este movimiento era un guiño al pasado, una búsqueda continua de referencias propias con las que recuperar la gloria perdida. Mudéjar, barroco, plateresco, entre otros, eran sus estilos arquitectónicos de referencia. En palabras del propio Aníbal:

“Existen en nuestra ciudad inagotables fuentes de inspiración en las obras de arte heredadas de las generaciones anteriores que constituyen perenne enseñanza […] Especialmente el arte árabe, con su inimitable dominio de una geometría esencialmente artística, sus innumerables modalidades y su atrayente policromía; el mudéjar entre nosotros es una graciosa unión de los estilos árabe, gótico y renacimiento mezclados con una exquisita ponderación y originalísima delicadeza; el plateresco, de gran riqueza decorativa, de perfecto modelado y trazado perfectamente arquitectónico; el barroco, en fin, que se extiende por toda la ciudad, proclamando con su ornamentación y sus originales composiciones una admirable fantasía artística interpretada”.

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La Plaza de España fue su obra maestra, donde pudo aunar todos estos estilos y combinarlos dentro de un sistema constructivo propio de aquellos años, en los que el ladrillo se imponía como material por excelencia. Situada dentro del Parque de María Luisa, este conjunto tiene sus raíces en el Stadium romano, y tenía el propósito de convertirse en un lugar para acoger actividades multitudinarias. La fuente en el medio del la plaza no estaba presente en el proyecto de Aníbal, sino que fue añadida a posteriori y se convirtió en un elemento que generó mucha polémica en aquel momento por romper el espacio y su rotundo vacío.

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En cuanto a aspectos más formales, la plaza es un espacio semicircular, rodeado por un edificio central y dos alas curvas que abrazan el área. Las dos alas son rematadas por dos torres, llamadas norte y sur, objeto de numerosas controversias en la época ya que su elevada altura competía con el monumento emblema de la ciudad, la Giralda. Paralelo a el edificio se extiende un canal semicircular, que es seguramente la mayor atracción turística de la plaza, donde los visitantes pueden navegar en pequeñas barcas como si de góndolas en un canal veneciano se tratara.

El canal es atravesado por cuatro puentes que representan los cuatros antiguos reinos de España ­—Castilla, León, Aragón, y Navarra—que tienen como telón de fondo una pared llena de bancos hechos en cerámica y dedicados a cada una de las provincias españolas.

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Este lugar merece una visita madrugadora, cuando la plaza aún no se ha llenado de turistas y el espacio puede concebirse en su forma más pura. Si accedes al Parque de María Luisa desde la Glorieta de los Marineros y caminas por la Avenida Rodríguez Lazo, descubrirás la plaza al final del camino, posando majestuosamente, mostrando todo el encanto que la convirtió hace menos de un siglo en uno de los símbolos de Sevilla.